Cuestión 1. Segunda Disertación. De la etimología de la cítara.

Disertaciones sobre la Cítara

Parte 1. Introducción a la Cítara

Cuestión 1. De la Esencia de la Cítara.

Segunda Disertación. De la etimología de la cítara.


De la conveniencia de investigar la etimología de la cítara, y de lo que de ello se deriva sobre su esencia y su fin.


Así como en la disertación anterior establecimos que lo primero es el reconocimiento de la inteligibilidad de los artefactos, ahora debemos considerar que lo primero en el orden de la investigación es reconocer que las palabras, especialmente aquellas que designan realidades antiguas y venerables, llevan en sí mismas vestigios de una sabiduría anterior que merece ser indagada. Pues si el hombre, hecho a imagen de Dios, como dice la Sagrada Escritura en el Capítulo Segundo del Libro del Génesis, impuso nombres a los animales y a las cosas, es preciso considerar que esa imposición no fue arbitraria, antes bien, fue conforme a la naturaleza de lo nombrado. Y aunque dice la Sagrada Escritura en el Capítulo 11 del Libro del Génesis que el pecado y la dispersión de las lenguas introdujeron confusión, todavía quedan rastros de esa primigenia adecuación entre el nombre y la cosa.


Procedamos, pues, por orden, distinguiendo los diversos estratos etimológicos que confluyen en el nombre que nos ocupa, que es el de la cítara.


El primer testimonio escrito de un instrumento que podemos relacionar con la cítara se encuentra, conforme a la Sagrada Escritura, en el Capítulo Cuatro del Libro del Génesis, y en este se hace mención de la cítara en un contexto anterior a la formación del pueblo hebreo, entre los hijos de Cain. Y aparece entre los pueblos semitas, en un estado de desarrollo incluso superior al que alcanzaría después en Grecia. Su nombre procede del oriente. El texto hebreo dice kinnor. Se trata, por tanto, de un instrumento anterior al diluvio, cuyo origen se pierde en la mística del tiempo.


El conocimiento actual confirma que el kinnor hebreo era un instrumento de cuerda, portátil y relativamente ligero, que se tocaba en procesiones y festividades. El Salmo 32 lo asocia con la alabanza divina: "Celebrad al Señor con la cítara;

con el arpa de diez cuerdas cantadle himnos".  


Ahora bien, ¿qué significa kinnor? Los filólogos no han logrado establecer una raíz semítica clara. Es posible que la palabra proceda de un sustrato lingüístico anterior, quizá el mismo del que surgió la palabra griega. Como en un eco que precede a toda palabra, el nombre del instrumento nos remite a un tiempo del que no tenemos registro escrito, pero que la Escritura sitúa en la figura del "padre de todos los que tocan".


La palabra pasa del hebreo kinnor al griego, como se dijo, y de esto se encuentra rastro en Los Setenta. En Homero, la cítara es ya un instrumento bien conocido, asociado a Apolo. Shadal, el comentarista del siglo  XIX, sugiere que el “padre de los que tocan” sería una figura análoga al dios griego Apolo, símbolo clásico de la música. San Agustín, el Doctor de la Gracia, en la Ciudad de Dios explica para casos semejantes que, estos hombres de renombre, tras sus muertes, fueron adorados como dioses. 


La forma griega, que es la que llega al latín como cithara es descrita en el mismo lugar por San Isidoro de la siguiente manera:


"Cuentan los griegos que, en un principio, la forma de la cítara era semejante a la de un pecho humano, en la idea de que, del mismo modo que la voz sale del pecho, así también de aquella brotase el canto; y que por tal motivo tomó este nombre, ya que, en la lengua doria, pecho se dice kithara."


Esta etimología implica que, el antiguo instrumento imitaba, en su forma, al pecho humano, porque su función —producir canto— imita a la voz que nace del pecho. Como se dijo en la Disertación 1, desde la doctrina del Filósofo, el arte imita a la naturaleza, y en este caso la imitación alcanza a la misma configuración externa, además de al sonido. Y aunque algunos puedan discutir la etimología presentada por San Isidoro, la misma expresa que la cítara es, en su forma, como un pecho que canta. La belleza del instrumento es formal, además de acústica: su caja de resonancia evoca la cavidad torácica de donde brota la voz humana. Y así como la voz del hombre puede elevarse a Dios en la alabanza, también la cítara puede ser instrumento de esa misma alabanza por medio de la imitación de la naturaleza. 


Del latín cithara pasan a las lenguas romances. La misma raíz, a través del árabe y otras mediaciones, dará lugar a guitarra y, en la India, al sitar. Es, por tanto, una familia de palabras que se extiende por todo el mundo, testimoniando la universalidad de este tipo de instrumento.


En la Vulgata, San Jerónimo usó sistemáticamente cithara para traducir el hebreo kinnor. Por eso en nuestras Biblias leemos "cítara" en pasajes donde el original hebreo dice kinnor. Esto es una decisión de traducción que implica una identidad real entre el instrumento bíblico y el grecorromano, al menos en lo esencial.


Monseñor Straubinger, en su comentario al Salmo 56,9, anota: "Salterio y cítara: literalmente nébel y kinnor". Esta alternancia en las traducciones muestra la dificultad, pero también la continuidad: el kinnor es la cithara de los latinos.


En cuanto a la nobleza del nombre "cítara", a través de todas sus transformaciones, es como un hilo que atraviesa la historia y conecta al padre de los que tocan, el primer músico, con el salmista que alaba a Dios en el templo, con el citarista medieval que alegra las cortes, y con nosotros que reflexionamos sobre su esencia. Cuando decimos "cítara", en cierto modo invocamos una tradición que se remonta a los orígenes de la humanidad. Y esta tradición, aunque atravesada por la confusión de Babel, conserva la memoria de que este instrumento fue creado para la alabanza. Si bien derivan de él otras propiedades y efectos. En fin, es preciso considerar que no es ociosa la sabiduría de los antiguos, que pusieron nombre a todas las cosas con discernimiento. Luego, investigar el nombre es también investigar, en cierto modo, el origen y la intención primera del instrumento.


Y esto baste sobre la etimología de la cítara, para que, conocido su nombre y su origen, sea más perfectamente entendida su esencia y más rectamente usado su fin.