Cuestión 1. Tercera Disertación. Del origen de la cítara.

Disertaciones sobre la Cítara

Parte 1. Introducción a la Cítara

Cuestión 1. De la Esencia de la Cítara.

Tercera Disertación. Del origen de la cítara.


De la conveniencia de investigar el origen histórico de la cítara, y de lo que de ello se deriva sobre su esencia y su fin.


Dado que el conocimiento del origen nos ayuda a comprender la naturaleza y el destino del instrumento, pues todo artefacto lleva en su génesis la impronta de la intención de su inventor, y esa intención puede iluminar su uso recto. Es conveniente reflexionar sobre su origen. Por tanto, ahora debemos abordar lo primero en el orden histórico: el origen de la cítara, que nos remite a la figura de Yubal, padre de los músicos, y a través de él a la participación del ingenio humano en la obra creadora de Dios.


Procedamos por orden, distinguiendo los diversos testimonios que convergen en este punto.


Como se dijo en la Segunda Disertación, la Sagrada Escritura nos ofrece el testimonio más antiguo y venerable sobre el origen de los instrumentos musicales. Hablando de los descendientes de Caín, leemos:


"Lamec tuvo dos mujeres: una se llamaba Adá, y la otra, Silá. Adá fue madre de Iabal, el antepasado de los que viven en campamentos y crían ganado. El nombre de su hermano era Yubal, el antepasado de los que tocan la lira y la flauta"


De ahí que, el origen de la música instrumental que nos ocupa se encuentre en el interior de la humanidad primigenia, en el oriente. Los comentaristas judíos interpretan lo anterior del siguiente modo:


Yaakov Tzvi Mecklenburg, en su comentario HaKtav VeHaKabalah, explica que Yubal fue "el inventor del noble arte de fabricar diversas clases de instrumentos musicales", es decir, el creador técnico de la música instrumental. Luego, se trata de aquel que concibió y construyó los primeros instrumentos.


Abraham ibn Ezra  añade que la habilidad para tocar estos instrumentos requiere gran sabiduría, destacando así el carácter intelectual del arte musical. La música entonces participa de la razón.


Adin Steinsaltz, describe a Yubal como "el primer músico de la humanidad, el pionero e inventor de los primeros instrumentos musicales".


Shadal, como se dijo en la Segunda Disertación, sugiere que Yubal sería una figura análoga al dios griego Apolo, símbolo clásico de la música. Esta observación nos abre la puerta a la conexión entre la tradición hebrea y la griega.


Naftali Zvi Yehuda Berlín, en su comentario Haamek Davar, relaciona el nombre Yubal con la raíz hebrea havalá, que significa "conducir". Explica que Yubal habría percibido que el ganado es atraído por el canto; por eso inventó instrumentos musicales para el trabajo pastoral. Añade que el arpa es más adecuada para la calma y el sueño, mientras que la flauta despierta y estimula. Ambos efectos serían necesarios para conducir el ganado en distintos momentos.


Por otro lado, Malbim, dice que "su primer inventor la utilizó para atraer el corazón de las mujeres”, vinculando el término ugav con connotaciones de canto sensual. Según él, “solo más tarde la música fue ennoblecida".


Por su parte Jizkuni observa que "es costumbre que los pastores se entretengan tocando la flauta u otro instrumento similar". Esto concuerda con la tradición de que David, siendo pastor, tocaba el kinnor.


Finalmente, Umberto Cassuto, precisa que el instrumento de Yubal "no es lo que hoy llamamos arpa, sino, según parece, la lira". Esta distinción es importante, pues nos recuerda que el kinnor hebreo era más cercano a la lira que a la cítara moderna, aunque la tradición los ha unificado bajo el mismo nombre.


De todo ello se desprende que la cítara -o su antecesor- tiene su origen en el ingenio humano, en la línea de Caín, es decir, en la civilización separada de Dios. No obstante, la tradición judía y cristiana "redime" estos instrumentos incorporándolos al culto divino. Así, la cítara pasa de ser un invento humano a ser un instrumento sagrado por su destino.


La tradición griega atribuye la invención de la cítara a Apolo, dios de la música y la poesía, o a Mercurio -Hermes, quien, según el mito, construyó la primera lira con un caparazón de tortuga y cuerdas de tripa. San Isidoro recoge ambas tradiciones en el mismo lugar cuando escribe que Yubal: “pasa por ser el inventor de la cítara y del salterio. En opinión de los griegos, se cree que el descubridor de la cítara fue Apolo. (...) El primero que inventó la cítara, Mercurio, fue también el primero en arrancar un sonido al pulsar unos nervios".


Nótese que San Isidoro menciona primero a Yubal y luego a Apolo y Mercurio, mostrando así la concordancia entre la tradición bíblica y la pagana, aunque dando prioridad a la primera. Esta concordancia es significativa: ambas tradiciones reconocen un origen remoto y casi mítico para el instrumento, y ambas lo asocian con figuras que encarnan la sabiduría musical.


Shadal, como se ha mencionado, sugiere que Yubal sería análogo a Apolo. San Agustín, en La Ciudad de Dios, explica para casos semejantes que estos hombres de renombre, tras sus muertes, fueron adorados como dioses. Así, el mito griego sería un eco distorsionado de lo propuesto por la Sagrada Escritura. 


San Isidoro, en el mismo lugar, describe la evolución posterior:


"Poco a poco fueron apareciendo numerosas variantes de este instrumento, como el salterio, la lira, el barbitón, el fénice, el péctide y la llamada «índica», que es pulsada por dos tañedores al mismo tiempo. Hay otras muchas clases más, unas de forma cuadrada y otras triangulares. También fue multiplicándose el número de cuerdas y cambiándose el material con que se confeccionaban".


Esta multiplicidad de formas no contradice la unidad esencial que establecimos en la Primera Disertación. Antes bien, confirma que la esencia permanece a través de los cambios accidentales.


Llegamos así a lo más importante en esta Disertación: la cítara, inventada por el ingenio humano en el interior de una civilización alejada de Dios, es no obstante asumida y purificada para el culto divino. El mismo instrumento que pudo ser usado para el deleite sensual -como sugiere Malbim- o para el trabajo pastoral -como dice Berlín-, trasciende y es elevado a la dignidad de alabar al Creador.


El rey David, pastor y músico, es el puente que une estos dos mundos. Él tocaba el kinnor para calmar a Saúl, como dice la Sagrada Escritura en el Capítulo 16 del Primero Libro de Samuel, y lo introdujo en el culto del templo. Los Salmos mismos dan testimonio. En efecto, lo que nació en la línea de Caín termina sirviendo a la gloria de Dios, mostrando que la gracia opera perfeccionando a la naturaleza que el arte imita.


Lo más noble en el origen de la cítara es que su invención, como señala Abraham ibn Ezra, requiere sabiduría, y esa sabiduría es participación de la Sabiduría divina. El arte musical, incluso en sus orígenes humanos, es un reflejo de la armonía del cosmos, que Dios creó con medida, número y peso. Y para aquellos inventores podemos recitar el elogio que en la Sagrada Escritura se lee en el Capítulo 44 del Libro del Eclesiástico: “Alabemos a los varones ilustres, a nuestros mayores, a los que debemos el ser. Cosas muy gloriosas obró el Señor por su magnificencia con ellos desde el principio del mundo. (...) Con su habilidad inventaron tonos musicales y compusieron los cánticos de las Escrituras. Hombres ricos en virtudes, solícitos del decoro, pacíficos en sus casas. Todos estos alcanzaron gloria, en los tiempos de su pueblo, y eran honrados en su siglo. Los que de ellos nacieron, dejaron un nombre que hace recordar sus alabanzas”.


Yubal, al inventar la cítara, actualizo una potencialidad inscrita en la creación. Del mismo modo que el hombre, al nombrar los animales, participó del conocimiento divino, al construir instrumentos musicales participa de la capacidad ordenadora de Dios. La música, por tanto, es una actividad que eleva el alma hacia su Creador, cuando se usa rectamente.


Y todo esto baste sobre el origen de la cítara, para que, conocido su principio, sea más perfectamente entendida su esencia y más rectamente usado su fin.


Solución de la objeción. 


Si la cítara fue inventada por un descendiente de Caín, como parece indicar el Libro del Génesis, entonces su origen estaría vinculado a una línea alejada de Dios. ¿Cómo podría entonces un instrumento de origen pecaminoso ser apto para la alabanza divina? Esto parece contradictorio.


A esto respondo que Dios puede sacar bien del mal. El hecho de que la música instrumental naciera en una civilización alejada de Dios no impide que sea redimida y ordenada a su servicio. Así, la cítara, como tantas otras realidades humanas, es asumida por la gracia y elevada a un fin más alto.