Primera Parte. Primera Cuestión. Primera Disertación.

De su distinción.

Si es necesaria y conveniente una distinción de la cítara, y si la que aquí se propone es apropiada.

Objeciones por las cuales parece que no es necesaria tal distinción, o que la propuesta es inapropiada:

Objeción primera. Parece que no es necesaria una distinción técnica de la cítara, porque en general la gente usa el término de manera amplia y confusa, y no obstante se entiende. El Filósofo, en el Capítulo 20 de la Poética (1456b), enseña que las palabras significan por convención, cuando escribe que "el nombre es, pues, una voz compuesta significativa sin tiempo". Luego, si la comunicación ordinaria no exige precisión, cualquier intento de fijar un sentido unívoco sería artificioso y ajeno al uso común de la lengua. La experiencia muestra que en las tiendas de instrumentos musicales se llama "cítara" a instrumentos de apariencia muy diversa, y nadie parece confunsirse en la práctica.

Objeción segunda. La distinción propuesta peca por exclusión, pues no comprende la forma más antigua y noble de la cítara. San Isidoro de Sevilla, en el Capítulo 22 del Tercer libro de sus Etimologías (Etym. III, 22), afirma que la cítara de los antiguos era un instrumento imitativo del pecho humano y, por lo tanto, con brazos según se infiere del modelo base. Y aún hoy, muchos confunden la cítara con el sitar indio —como ocurrió con la canción "Norwegian Wood" de los Beatles en 1965—, que posee un mástil prolongado. El sitar -del persa sehtar, "tres cuerdas"- pertenece a la familia de los laúdes de mástil largo, con trastes móviles y cuerdas simpáticas, como documenta el tratado Sangita Ratnakara de Sarngadeva del siglo XIII. Luego, si el género "cítara" incluye especies con brazos o mástil, la definición propuesta, que niega explícitamente esa estructura, es falsa o, cuando menos, incompleta.

Objeción tercera. La distinción intenta encerrar en un solo sentido lo que la historia de la lengua ha demostrado ser un término genérico y complejo. El Diccionario histórico de la lengua española advierte que "la voz cítara es un nombre genérico que da cabida a distintos cordófonos". Por tanto, cualquier distinción que no contemple esta polisemia será, por necesidad, fuente de equivocaciones. Pues como enseña el Filósofo en los Tópicos (I, 15, 106a 9-22; VI, 2, 139b 19-31), quien define debe atender a los múltiples significados de las palabras para no incurrir en falacia de equivocidad —esto es, usar un término con dos significados distintos en las premisas de un silogismo, dando apariencia de validez—.

Objeción cuarta. La definición que se ofrece incluye elementos que parecen accidentales o redundantes. Por ejemplo, especifica "cuerdas tensadas mediante clavijas", pero en algunos instrumentos antiguos las cuerdas se ataban directamente al extremo de la caja, sin clavijas móviles. Así lo atestiguan los hallazgos arqueológicos de liras en Ur -sumeria, en el tercer milenio a.C.-, cuyas cuerdas se fijaban a una barra inferior sin sistema de afinación ajustable. Asimismo, exige que las cuerdas se extiendan "paralelamente sobre la tapa armónica", cuando existen cítaras con cuerdas ligeramente oblicuas, como el qānūn árabe o el yangqin chino. Luego, la definición es demasiado restrictiva y no abarca todas las formas que históricamente han recibido el nombre de cítara. El mismo San Isidoro reconoce que "poco a poco fueron apareciendo numerosas variantes de este instrumento, como el salterio, la lira, el barbitón, el fénice, el péctide y la llamada índica" (Etym. III, 22), y a todas ellas las llama cítaras o instrumentos derivados.

Objeción quinta. La distinción no menciona la forma que debe tener el instrumento, ni el tipo de cuerdas, ni el número de las mismas, ni la madera, ni si puede tener elementos añadidos. Al omitir estos rasgos morfológicos, la definición resulta insuficiente para quien desee construir o identificar una cítara concreta. Pues, como dice Vitruvio en su Tratado De architectura (I, 2), la arquitectura —y por extensión todo artefacto— debe definirse por su orden, disposición, euritmia, simetría-, decoro y distribución, y todo ello con miras a la solidez, utilidad y belleza. Una definición que omita las proporciones no sería completa.

Contra esto:

Está lo que enseña el Filósofo en los Analíticos Posteriores (II, 10, 93b 29) cuando dice que la definición es el discurso que expresa la esencia de la cosa. Y aunque en los artefactos la esencia sea accidental, puede no obstante ser conocida, pues procede de una idea en la mente del artífice y se ordena a un fin.

Respuesta General:

Veo que muchos dudan de la necesidad de definir la cítara con precisión. Unos piensan que basta con el uso común; otros, que la variedad histórica impide cualquier definición unívoca; algunos, que los detalles constructivos son accidentales y no merecen atención. Mas si observamos con atención, encontraremos que el conocimiento verdadero inquiere en la esencia de las cosas. El asunto requiere reflexión.

Para la correcta inteligencia de cualquier arte o ciencia, es necesario definir sus objetos. Esta necesidad se funda en que lo primero en el orden del conocer es el reconocimiento de que los artefactos tienen una forma inteligible que procede del intelecto del artífice. Y si el hombre, hecho a imagen de Dios, imprime en la materia una disposición racional, esa disposición lleva en sí misma la impronta de la inteligibilidad y puede, por tanto, ser captada por la mente y expresada en una definición.

Ahora bien, el conocimiento humano comienza por los sentidos, pero no se detiene en ellos. Si bien, algunos como David Hume de manera aparente lo hacen. La experiencia nos da el conocimiento de lo singular; el arte, en cambio, nos da el conocimiento de lo universal, de las causas y de los principios. Por eso, para que el estudio de la cítara pueda llamarse verdaderamente científico, es necesario que ascienda de la mera percepción sensible de este o aquel instrumento a la comprensión de aquello que hace que todos ellos sean cítaras. Y esta comprensión universal se expresa mediante una definición.

Es verdad que el nombre "cítara" se aplica, a lo largo de la historia y en distintas culturas, a instrumentos que presentan diferencias notables. En la antigua Mesopotamia, el algar sumerio y el zagsal acadio eran cordófonos de caja, como documentan las tablillas de Ur en el 2600 a.C. En el Egipto del 1500 a.C., el bent del Imperio Nuevo era un arpa arqueada, no una cítara. En la India del 200 a.C.-200 d.C., el veena descrita en el Natyasastra de Bharata Muni, es un instrumento de mástil. En China del 1000 a.C., el qin mencionado en el Shijing, "Libro de las Odas", es una cítara de mesa sin mástil, pariente cercano a nuestra cítara occidental. En Persia, el chang era un arpa angular. En Grecia, la kithara era un instrumento de brazos, mientras que el psalterion era de caja. El mismo San Isidoro, después de describir la cítara antigua, añade: "Poco a poco fueron apareciendo numerosas variantes"(Etym. III, 22). Esto parece dar la razón a quienes objetan que el término es genérico.

Mas debe responderse que la pluralidad de significados no invalida la posibilidad de una definición técnica, siempre que se distinga entre el uso común de la lengua y el uso científico. Los diccionarios generales recogen la evolución del habla, pero las ciencias tienen la potestad de fijar términos unívocos para su objeto de estudio. Así, el biólogo define "pez" de manera precisa —animal vertebrado acuático con branquias—, aunque en el lenguaje común algunos llamen peces a las ballenas o a los delfines. Del mismo modo, el organólogo puede y debe definir "cítara" en sentido técnico, aunque en el habla cotidiana el término sea más amplio.

Además, debe tenerse en cuenta la distinción entre la esencia del artefacto y sus accidentes. Enseña el Filósofo el el Séptimo Libro de la Metáfisica (7, 1032a 32-b 23) que los artefactos reciben una forma accidental por la acción del arte. Su esencia, por analogía con los seres naturales, es aquella disposición de partes que los capacita para cumplir su función específica. Todo lo demás —el número de cuerdas, el material de estas, la forma exacta de la caja, la madera empleada, los adornos— son accidentes que pueden variar sin que la cítara deje de ser cítara. La esencia permanece mientras se mantenga la disposición fundamental.

¿Cuál es, pues, esa disposición fundamental? El Filósofo enseña también en el Segundo Libro de la Física (2, 194a 21-22) que el arte imita a la naturaleza, y en este sentido la forma artificial se ordena a un fin. La cítara es lo que es porque su estructura material ha sido ordenada intencionalmente a producir un determinado tipo de sonido musical. Esa ordenación constituye su esencia en el orden del arte. Por tanto, la definición debe captar esa forma artificial, que incluye necesariamente su telos o finalidad.

En cuanto a la confusión con el sitar indio, es necesario precisar que el sitar pertenece a la familia de los laúdes de mástil largo, con trastes y cuerdas simpáticas. La cítara occidental, en cambio, carece de mástil; sus cuerdas se extienden directamente sobre la tapa armónica, de modo que toda la superficie de la caja participa de la resonancia. Esta diferencia determina el tipo de sonido y la técnica de ejecución. El Capítulo Sexto del Sangita Ratnakara de Sarngadeva distingue claramente entre vina -con mástil- y vallaki -sin mástil, mostrando que esta distinción ya era conocida en la antigua India. Luego, la ausencia de mástil es una diferencia específica esencial.

Procedamos, pues, a la definición por género próximo y diferencias específicas:

La cítara es un artefacto cordófono, provisto de una caja de resonancia, cuyas cuerdas, tensadas mediante clavijas, se extienden paralelamente sobre la tapa armónica, sin que exista mástil, brazos u otra prolongación estructural que sobresalga del perímetro de la caja, y que está ordenada —por su construcción y por la intención del artífice— a producir música instrumental rítmica mediante la pulsación de sus cuerdas con los dedos.

Ahora la explicación breve de los elementos: artefacto cordófono la sitúa en el género de los instrumentos de cuerda hechos por el hombre; de cuerda pulsada la situa dentro de los intrumentos musicales rítmicos y la distingue de los frotados o percutidos; provisto de caja de resonancia la distingue de instrumentos sin caja; cuerdas tensadas mediante clavijas la distingue de aquellos con afinación fija o sin posibilidad de ajuste; cuerdas paralelas sobre la tapa armónica define su disposición espacial esencial; sin mástil, brazos u otra prolongación estructural es la diferencia negativa crucial que la separa de otros cordófonos como la guitarra, el violín, el sitar o el laúd; ordenada a producir sonidos musicales mediante pulsación incluye la finalidad, que es parte de su forma artificial. La definición puede abreviarse aun más si asi se quiere. 

Lo más noble en esta disertación es que la definición de la cítara nos remite a la participación del arte humano en la Sabiduría divina. Pues hay que recordar que Dios le encargo al hombre nombrar las cosas que observaba, y esto es la base de la definición y la distinción. Y también dispuso Dios todas las cosas con medida, número y peso según se lee en el Capítulo 11 del Libro de la Sabiduría (v.20), y el hombre, al definir y construir sus artefactos, imita ese orden y participa de esa Sabiduría. Conocer correctamente la cítara es también un modo de conocer, en pequeña escala, la Sabiduría que creó el universo. Y este conocimiento, lejos de ser un fin en sí mismo, se ordena a aquello que el Salmo 150 expresa: "Alabadle con cítara y con danzas". La cítara, bien definida y bien construida, es instrumento para la alabanza divina; y definirla bien es ya un acto de inteligencia que honra al Creador.

Respuesta a las objeciones:

A la primera objeción -que no es necesaria una distinción técnica porque algunos en general se entienden sin ella-, respondo que el conocimiento en su forma común es suficiente para la vida cotidiana, pero insuficiente para la ciencia. Como enseña el Filósofo en los Analíticos Posteriores (I, 2, 71b 9-12), la ciencia procede de lo universal y necesario, no de lo particular y contingente. La definición técnica no pretende corregir el habla de la gente común, sino establecer un concepto preciso que permita el estudio riguroso del instrumento.

A la segunda objeción -que la definición excluye la forma antigua con brazos y la posible confusión con el sitar-, respondo que la cítara antigua -kithara- y la moderna son especies diferentes dentro de un mismo género analógico, unidas por la historia del nombre y por la función común de producir música con cuerdas pulsadas. En cuanto al sitar, se distingue esencialmente por poseer mástil, como documenta la tradición india desde el Natyasastra (cap. 28) hasta el Sangita Ratnakara (cap. 6), que lo sitúa en la familia de las vina, no de las cítaras de mesa. La definición propuesta se refiere a la acepción actual y predominante del término, que es la que nos ocupa en esta obra.

A la tercera objeción -que el término es genérico y polisémico-, respondo que los diccionarios generales recogen la evolución del habla, pero los diccionarios técnicos y las ciencias tienen la potestad de fijar términos unívocos para su objeto de estudio. Así proceden todas las ciencias, y así procedemos nosotros, evitando la falacia de equivocidad al precisar el sentido en que usamos el término.

A la cuarta objeción -que la definición incluye elementos que no se dan en todas las formas históricas-, respondo que la definición no pretende abarcar todas las formas que accidentalmente han recibido el nombre de cítara, sino aquellas que realizan plenamente la forma artificial del instrumento. Las cuerdas tensadas mediante clavijas y la disposición paralela sobre la tapa son elementos necesarios para que la cítara cumpla su fin musical de manera óptima. Las formas primitivas que carecen de ellos —como las liras sumerias sin clavijas— son imperfectas o pertenecen a otra especie. En cuanto a las variantes que San Isidoro menciona, muchas de ellas -salterio, lira, barbitón- son instrumentos distintos, aunque emparentados.

A la quinta objeción -que la definición omite detalles morfológicos como la forma, el número de cuerdas o la madera-, respondo que esos detalles son accidentales y no pertenecen a la esencia. Así como el hombre se define como animal racional, no por su estatura o color, así la cítara se define por su estructura fundamental, no por sus variaciones accidentales. Las medidas y proporciones de que habla Vitruvio pertenecen al orden de la eurythmia y la symmetria, que son perfecciones accidentales, no esenciales. Una cítara puede ser bella o fea, grande o pequeña, de pino o de cedro, y seguir siendo cítara mientras mantenga su disposición fundamental.

En cuanto a lo que dice, lo que me dice, la cuestión a la que responde, el peso, la dignidad y el orden de esta disertación:

¿Qué dice? Esta disertación dice que la cítara puede y debe ser definida, y propone una definición por género próximo y diferencias específicas: artefacto cordófono, con caja de resonancia, cuerdas paralelas tensadas por clavijas, sin mástil, y ordenada a la producción de música mediante pulsación rítmica.

¿Qué me dice? Me dice que todo conocimiento ordenado comienza por distinguir y definir. Me dice que la cítara una forma artificial que procede de una idea en la mente del artífice y se ordena a un fin. Me dice que yo mismo, al estudiar este instrumento, estoy participando de esa inteligibilidad y debo buscar, más allá de las apariencias, la esencia que da unidad a la diversidad de sus formas. En ultima instancia me invita a preguntarme qué soy y quién soy, y cómo me defino e identifico a mi mismo. 

¿A qué cuestión fundamental responde? Responde a la cuestión del ser de la cítara: qué es, qué le pertenece por esencia y qué por accidente, y cómo puede ser conocida y definida.

¿Qué es lo más importante (el peso)? La distinción entre lo esencial -la disposición ordenada al fin- y lo accidental -el número de cuerdas, la madera, los adornos. Este es el fundamento de todo conocimiento ulterior del instrumento.

¿Qué es lo más noble (la dignidad)? Que la definición de la cítara nos remite a la participación del arte humano en la Sabiduría divina, y nos prepara para usar el instrumento en la alabanza a Dios.

¿Qué es lo primero (el orden)? Reconocer que la cítara, como todo artefacto, tiene una forma inteligible que puede ser captada por la mente.

Máximas y principios clave:

1. Todo artefacto tiene una esencia artificial que consiste en la disposición de sus partes ordenada a un fin.

2. La definición debe captar la forma artificial, que incluye necesariamente la finalidad.

3. Lo esencial permanece a través de los cambios accidentales.

4. La diversidad de formas históricas no invalida la posibilidad de una definición técnica.

5. Conocer la esencia es el primer paso para usar rectamente la cosa.

Aplicación pragmática:

Esta disertación nos enseña a distinguir en nuestra propia vida entre lo esencial y lo accidental. Así como en la cítara lo importante es la disposición fundamental que permite la música, no el número de cuerdas o la madera, así en nuestra alma lo importante es la disposición fundamental de las virtudes que permite la armonía interior, no las circunstancias externas.

Y aquí conviene recordar lo que el Papa Francisco enseña en Gaudete et Exsultate (n. 22): "No todo lo que dice un santo es plenamente fiel al Evangelio, no todo lo que hace es auténtico o perfecto. Lo que hay que contemplar es el conjunto de su vida, su camino entero de santificación" . Del mismo modo, no todo detalle en una cítara —una pequeña imperfección en la madera, una cuerda ligeramente oxidada, una desviación mínima en el paralelismo— determina su valor. Lo que importa es el conjunto, la disposición fundamental que la ordena a su fin.

Pregúntate: ¿Qué es esencial en mi vida? ¿Qué es accidental? ¿Estoy dando importancia a lo que realmente la tiene, o me dejo llevar por lo superficial? ¿Estoy construyendo mi alma como se construye una cítara: con orden, con medida, con vistas al fin último?

Cuando toques la cítara, o cuando simplemente la contemples, recuerda que ella misma es una imagen de tu alma: necesita estar bien construida, bien afinada, bien pulsada. Y así como el artesano pone su saber en la construcción del instrumento, así tú debes poner tu libertad y tu gracia en la construcción de tu propia vida.

Corona contemplativa:

Señor Jesucristo, que con la armonía de tu Espíritu Santo afinaste el instrumento musical del Rey David, afina también mi alma para que cante dignamente tus alabanzas.

Tú que eres el Verbo, el Logos, la Razón ordenadora del universo, dispón mi entendimiento para que sepa distinguir lo esencial de lo accidental, lo verdadero de lo aparente, lo eterno de lo pasajero.

Que así como la cítara necesita ser definida para ser bien construida y bien tocada, así mi vida necesita ser ordenada según tu Sabiduría para producir la música que a ti te agrada.

Y cuando llegue la aurora sin ocaso, permiteme unir mi voz al coro de los ángeles y los santos, que cantan sin cesar la gloria de tu nombre.

Te lo pido por medio de la intercesión poderosa de María, la Virgen Santa, nuestra madre, que guardaba todas las cosas en su corazón, y a quien ruego me enseñe a discernir lo esencial y a conservarlo en mi ser.

Amén.